PROY-024 es una rehabilitación integral de un edificio que adquirimos como vivienda unifamiliar y estamos dividiendo en varias viviendas. Llevamos doce semanas de obra. Este diario lo publicamos cada dos semanas para enseñar cómo es una rehabilitación de verdad: no la versión de catálogo, sino la real, con sus imprevistos y sus decisiones difíciles.
Esta entrada va sobre algo aparentemente menor: el saneado y la reposición de la fachada de un patio interior. Y sobre por qué le dedicamos una semana entera.
El punto de partida
La fachada original del patio era de mampostería irregular, cubierta por cuatro capas de mortero de épocas distintas. El plan inicial era sencillo: picar las capas degradadas, sanear y reponer. Tres días de trabajo, sobre el papel.
En rehabilitación, el papel y la pared casi nunca coinciden.
Lo que encontramos al picar
El picado lo hicimos por capas, con cuidado, intentando no perder mampuesto original. El primer día confirmamos lo previsto: mortero de cemento moderno, sin valor, fácil de retirar. El segundo y el tercero, capas más antiguas, ya con cal en la mezcla.
El cuarto día apareció lo que no esperábamos: un fragmento de revoco de cal grasa fechable en los años 30, con una textura que cualquier criterio de conservación nos habría pedido respetar. No era estructural, no era grande. Pero era auténtico.
Paramos. Reunimos al equipo, lo fotografiamos, lo documentamos y tomamos una decisión: conservar ese paño y ajustar el alcance de la intervención alrededor de él. Lo que iban a ser tres días se convirtió en una semana.
La cal del pueblo de al lado
Para reponer el revoco perdido sin romper la coherencia del paño conservado necesitábamos cal grasa con una granulometría parecida a la original. Llamamos a tres proveedores grandes. Ninguno daba con una fórmula que encajara: la cal industrial moderna es demasiado homogénea, demasiado limpia.
Acabamos comprándola a un almacén familiar a 18 kilómetros de la obra, que la prepara como hace ochenta años, apagada en balsa y curada con tiempo. Cuando tienes la pasta delante entiendes por qué la cal industrial nunca se va a ver igual sobre una piedra del siglo XIX: no es el color, es cómo absorbe la luz.
El secado
Una semana para que la primera capa endureciera lo suficiente para recibir la siguiente. Eso es lo que la cal grasa pide: tiempo. No hay forma de acelerarlo con calefactores o ventiladores sin comprometer la integridad del revoco. La cal fragua por carbonatación, despacio, y o respetas su ritmo o el material te lo cobra a los dos años en forma de fisuras.
Resultado a semana 12: el patio interior recuperado con material auténtico, una semana de retraso sobre el plan inicial, y sin coste extra para la operación porque el imprevisto entraba dentro del margen previsto en la memoria técnica. Para eso está el margen: para absorber lo que la obra antigua siempre acaba enseñando.
Qué nos llevamos
Cuando trabajas en rehabilitación, la decisión correcta a veces no es la rápida ni la más barata. Es la que, dentro de veinte años, va a seguir teniendo sentido sobre esa pared. Y eso solo se decide en obra, con el material en la mano y el equipo mirando.
Un edificio rehabilitado con criterio no se nota en la foto del salón. Se nota en los detalles que la mayoría no mira: un encuentro bien resuelto, un revoco que respira, una pared que envejece bien. Es lo que separa una rehabilitación de un simple lavado de cara.
Seguimos publicando el diario de PROY-024 cada dos semanas hasta la entrega, prevista para el verano. La próxima entrada: la división de plantas y el replanteo de las nuevas viviendas.